Canallada a Salvamento Marítimo
Resulta que 136 personas deciden, libre y voluntariamente, embarcarse en una barcaza de madera que no ha sido diseñada para el transporte de personas, sino para la pesca. Deciden libremente aventurarse en la mar para llegar a las Islas Canarias. 136 personas que se quedan sin combustible con el que seguir navegando rumbo a utopía. Una travesía que les llevó hasta el momento de la tragedia 10 días.
¿Qué pasa cuando cometes todas las estupideces del mundo por alcanzar un sueño? Que corres riesgos. Y ese riesgo es morir en el mar. No creo que las desdichadas 136 personas suscribieran seguro alguno de viaje. Siquiera que el promotor del viaje les garantizase la arribada al puerto de los Cristianos. Este tipo de viajes son los negocios redondos. Mínima inversión por parte del promotor, máxima rentabilidad, ninguna responsabilidad.
Lo curioso de todo esto es que resulta que las 136 personas se quedan sin carburante. Mal asunto. Quedarse sin combustible en alta mar es como quedarse sin agua en el desierto. Una sentencia de muerte casi segura, porque la gasolina es lo primero que se acaba, pero tras ella se consumirán el agua y los alimentos. Y tras eso, unos días a la deriva bastarán para que la muerte se sume al viaje.
Sobre estas 136 personas se estaba firmando su ejecución lenta y dolorosa cuando un segundo barco avisó a Salvamento Marítimo. La operación de rescate estaba en marcha. Sin embargo, algo fue mal y de los 136 viajeros arriesgados, 88 resultaron muertas. Lástima.
A la llegada a puerto español un avispado abogado del turno de oficio decide demandar a Salvamento Marítimo por negligencia y por causar el naufragio del “cayuco”. En definitiva, y así a la brava, les acusa de homicidio imprudente. Arrea. El abogado representa a 15 de los arriesgados viajeros. Según los supervivientes las maniobras de rescate hicieron zozobrar la embarcación y terminaron por romper la misma, lo que causó la fatídica muerte de más de 88 personas.
El avispado abogado argumenta que en las dos embarcaciones no había dispositivos flotantes (vamos, salvavidas. Qué gusto por complicarse la existencia). También que las maniobras fueron demasiado bruscas para lo ligero de la embarcación a rescatar. Y, por supuesto, esto no podía faltar, la existencia de informes anónimos (¿?) donde se recomienda otro método de rescate al empleado.
Lo curioso es que nadie parece querer exigir responsabilidades a quien realmente es culpable de meter 136 personas en un barco frágil, sin suficiente combustible, sin habitáculos individuales, sin dispositivos flotantes para los viajeros… en fin. Quizás no demanden al promotor porque sería delatar su procedencia. En este país a nadie se le ocurre exigir el pago del rescate de 48 personas que han arriesgado su vida para colarse en un país que no es el suyo. En fin, nadie tiene los santos cojones de exigir un duro a todos estos pobres hombres y mujeres por la asistencia que se les presta a su llegada. No se les hace pagar nada. Te sacan de una muerte segura. Vale, se mueren 88 personas, y ¿le echas la culpa al tipo que ha ido a rescatarte? O estos inmigrantes son unos desagradecidos y encima le echan rostro o el abogado es un listo que pretende a base de demandas llamativas abrirse hueco en el negocio.
Desde Los Correos Patrios expresar nuestro apoyo a Salvamento Marítimo.
