Un Estado sobre la arena
Estudiar es un coñazo. Salvo que estudies lo que a ti te gusta. Sin embargo, gracias a todos, tenemos un sistema que nos proporciona educación gratuita para hacernos mejores personas y contribuir, en lo que se pueda, al mantenimiento y/o progreso de nuestra sociedad. Nada, en definitiva, es porque sí qué bonito.
No sé porqué, las razones se me escapan, el Estado se empeña en mantener a los jóvenes en las escuelas o institutos. No sé porqué, el todo vale se ha impuesto en nuestro sistema educativo. Ahora van a dar el título de la ESO a aquellos que consigan aprobar todas las asignaturas. Faltaría más, ¿verdad? Sí, falta que si tienes tres asignaturas colgando, o dos o una solo, también te lo van a dar. Eso es lo que se llama premio al esfuerzo y a la capacidad del alumno. Vamos, quédate con nosotros chaval, que el sistema te va a pedir, por ley, no porque signifique algo, el título de la ESO.
Si por mí (Estado) fuera, aquellos que por propia voluntad no quisieran estudiar se iban a freír espárragos. Claro que, egoístamente, necesito pringaos que paguen las pensiones y toda la pesca burócrata. Así mismo, también necesito curritos que muevan los engranajes, por lo menos hasta que una máquina pueda sustituirlos. En definitiva, yo, Estado, no actúo en su beneficio, sino en el mío propio. Sin embargo, aquellos que dirigen el Estado, en vez de actuar en hacer mejores españoles, lo que repercutiría en una mejor España, se conforman o preocupan por mantener un sistema ilógico donde se exigen títulos que no tienen ningún valor porque son regalados. Se está construyendo una España de cartón piedra sobre el peor de los suelos. Y no voy a soltar aquí el rollo de las bodas, ese que dice que la casa que se construye sobre arena… y la casa que se construye sobre roca… Pero por si quieren leerlo: Biblia, Evangelio según San Mateo, capítulo VII, versículo 24 al 27.
Imagen: "Los portadores de la Antorcha", Anna Hyatt Hungtinton, Ciudad Universitaria, Madrid.
Fotógrafo: Servidor
