Sobre el caso De Juana
Es importante en estos tiempos que vivimos intentar, no alcanzar acuerdos, que eso ya es mucho pedir, sino, por lo menos, entender porqué el otro piensa distinto de nosotros y, desde ese conocimiento, respetarlo.
Intentaré explicar sin acalorarme porqué no estoy de acuerdo con el Gobierno respecto al caso De Juana. Quizás sorprenda, pero personalmente pienso que De Juana debería haber salido mucho antes de prisión, justo al cumplir la condena por los 25 asesinatos que cometió. Por supuesto es una aberración al sentido el hecho de que este tipo saliese a la calle, pero así es o era nuestra justicia, la que nos dimos. Y así nos hemos de regir.
Cuando a De Juana le iban a soltar el Gobierno tomó una decisión, para mí equivocada, popular, quizás, en respuesta a un deseo de la calle, pero a mi entender injusta en la persona del terrorista.
En teoría, De Juana ya debería haber salido el 3 de agosto de 2005. Siempre y cuando aceptemos la decisión del Juez Pedraz de no imputarle por los dos famosos escritos en ‘Gara’. Al día siguiente de haber decidido esto el Gobierno mueve ficha y actúa de manera poco democrática a mi entender: ordena a la fiscalía recurrir todas las excarcelaciones de terroristas. En boca del ministro de Justicia, López Aguilar: “construiremos nuevas imputaciones para evitar que salga a la calle”. Construir, ¿se dan cuenta?
Esas construcciones acaban por exigir 97 años que se quedan en 12 por dos artículos. Al final, tras mucho bamboleo judicial, resulta que nuestra Justicia y sistema es capaz de hacer pagar más caro un escrito amenazante (según sentencia) que un asesinato.
A todo esto, De Juana Chaos está en huelga de hambre porque considera que lo que se está haciendo con él es injusto. Según él, ya ha cumplido condena, por eso, el hecho de que se le acuse y condene por esos dos escritos no es más que un motivo arbitrario para mantenerlo contra su derecho entre rejas. La decisión de la huelga de hambre es individual, le corresponde a cada uno, y las consecuencias de nuestros actos siempre han de ser asumidas por quienes los cumplen.
La responsabilidad del Gobierno es mantenerlo con vida y entregarle la comida que establezca la ley. Si son tres platos, tres platos. El preso es libre de querer comerlos o no. Sin embargo, desde el Gobierno, para evitar el fallecimiento por inanición, se obliga a alimentar al etarra; lo cual podría haberse hecho hasta que cumpliera su condena.
En una situación insólita todos los magistrados de la Audiencia Nacional deciden en votación si De Juana ha de seguir o no en prisión por el delito de las amenazas. Curiosamente, los que votan a favor de su puesta en libertad son los jueces que iban a decidir sobre el mismo, hasta que un movimiento judicial hizo que tal decisión se llevara al pleno de la Audiencia. De Juana seguiría en prisión, alimentado, la fiscalía no recurrió dicho fallo, pero sí su defensa (lógico). La estancia superior, el Tribunal Supremo confirma lo que desde un principio se advertía, que tales escritos eran amenazantes, que no eran terroristas, que ni siquiera los amenazados denunciaron las amenazas y que, por tanto, dado este delito, la pena debería rebajarse de los doce a los 3 años.
Pese a la rebaja el preso no abandonó la huelga de hambre, lo cual es lógico dado que la pena no es lo injusto (que también), sino la acusación y condena.
Cualquiera que haya llegado hasta aquí se interrogará cómo es posible que esté en contra de la decisión del Gobierno de atenuar la condena a De Juana, si por lo hasta ahora escrito defiendo la tesis del terrorista.
El motivo es sencillo. Un Gobierno serio no puede ceder ante un preso que se pone en huelga de hambre (por muy justos que sean sus motivos). Pero un Gobierno debe actuar conforme a derecho, no conforme a unas encuestas, unos climas de opinión o según sople el viento. Nuestro Gobierno “construyó” acusaciones contra De Juana para mantenerlo en la cárcel, para después, por motivos “humanitarios” atenuarle la pena. Como comprenderán aquellos que quieran hacerlo, un Gobierno que es capaz de construir acusaciones para alargar condenas ya cumplidas, no actúa por motivos humanitarios a la hora de atenuarlas. Y una cosa es que yo sea tonto, y otra que me hagan pasar por tal. Esta actuación arbitraria de nuestro Gobierno es inaceptable.
La culpa de esta situación es exclusivamente del Gobierno, en este caso en manos socialistas. Un Gobierno que por contentar al populacho y no perder puntos construye acusaciones, que luego para no tener que enfrentarse a un posible mártir y alegando falsas razones humanitarias le atenúa la condena. El arbitrio, sin duda, es una de las causas de inseguridad jurídica. El hecho de que la política antiterrorista esté en manos del Gobierno, no significa que éste pueda hacer y deshacer a su antojo según sople el viento o lo considere más o menos oportuno.
Si me opongo a la atenuación de la condena a De Juana es por la sencilla razón de que nuestro Gobierno no ha actuado con consecuencia, sino con arbitrio y eso es inadmisible se haga en mi persona o en la del mayor hijo de puta, como es el caso actual.
Si me opongo a la atenuación de la condena a De Juana es por la sencilla razón de que una huelga de hambre no es una enfermedad, por muchas enfermedades que esta decisión individual pueda acarrear al que así se mantiene. Por tanto, desde mi perspectiva, por mucho que comparta que De Juana ya debería haber sido puesto en libertad en su momento, no puedo admitir como argumento el peligro para su vida, dado que el suicidio es un acto individual, sea cual sea el método.
Si bien es cierto que comparto los motivos por los cuales De Juana se puso y mantuvo en huelga, no acepto el chantaje al estado. No me sirve el método Pericles de si no haces lo que quiero no respiro (ver Astérix en Hispania). Como confío en la Justicia, espero que se cumplan las penas que ésta establece y me resulta ofensivo el hecho de que nuestro Gobierno decidiera porque sí, porque parece tener poderes especiales para hacer y deshacer a su antojo, atenuar la pena de un terrorista no por ser inocente de sus delitos, sino porque éste les ha obligado a ello poniéndose al borde de la muerte. Y yo no quiero un Gobierno que ceda, pero tampoco quiero un Gobierno que construya acusaciones. Por eso asistí a la manifestación del día 10.
Lógicamente, si yo fuera el Gobierno, ese hombre no hubiera estado nunca en huelga de hambre, hubiera salido en libertad, pero si hubiese sido condenado por esos delitos de amenazas, hubiese cumplido íntegramente la condena fuera cual fuera, se pusiera en huelga o no.
¿Y si muere y se convierte en mártir? Los futuribles no son buenos argumentos, pero aún así, ante un hipotético mártir, recordar, sólo recordar por si se han olvidado (que no creo, ¿verdad?) que nosotros, los españoles tenemos una larga lista de víctimas del terrorismo. Auténticos mártires inocentes, asesinados por ETA. Y estos no son posibles mártires, sino tristes realidades que muchos de todos ustedes han parecido olvidar cuando se preguntan por la posibilidad de transformar un suicidio en un martirio. Los martirios, amigos míos, se infligen por terceros, no por uno mismo. Uno no se puede martirizar.
Esta es mi postura, sé que no pensarás igual, incluso te habrá parecido retorcida mi exposición, pero espero que si no me argumentas en contra, tengas, al menos, la decencia y educación de respetarme.
