Los pisos de apretrujillo
Hace tiempo comenté que las distintas administraciones públicas podían construir viviendas y alquilarlas a precios asequibles con las que sufragar la inversión inicial y el mantenimiento de las instalaciones, e incluso, destinar parte a la sanidad pública. Decía yo que si se hacían 1.000 viviendas y se cobraban 300 euros mensuales, saldrían 50 millones de pesetas al mes, lo cual no es mucho, pero es algo más que nada.
La ministra de Vivienda, la señora Trujillo, ha vuelto a proponer las viviendas de 35 metros cuadrados como perfecta solución al problema de la vivienda que tienen muchos jóvenes. Su propuesta es crear 10.000 viviendas de este tipo, alquilarlas por 200 euros y destinarlas a estudiantes universitarios por un plazo no superior a los 5 años.
A mí me parece buena idea, pero creo que el mercado estudiantil es el menos necesitado de vivienda “propia” o de estas características. Si desde distintas instancias se está presionando para que los propietarios de pisos los pongan en alquiler, el hecho de que el estado injiera en este mercado con precios de dumping, hará que los propietarios no encuentren inquilinos tan fácilmente y, por tanto, resulte menos atractivo decidirse por alquilar su vivienda.
La iniciativa del ministerio debería dirigirse a las familias, no a los jóvenes estudiantes. Son las familias las necesitadas de espacios propios donde desarrollar su proyecto. Un estudiante se puede adaptar a otras soluciones; una familia tiene que optar entre el alquiler a pagar entre dos o la adquisición de una vivienda sobrevalorada. Afrontar cualquiera de las dos situaciones es compleja y difícil, por lo que deberían ser las familias, los matrimonios jóvenes, los que se beneficiasen de este tipo de pisos, eso sí, con un par de metros más.
Así lo veo yo que he conocido la vida en piso compartido y sé que es mucho más fácil pagar un alquiler entre cuatro o tres mendas que entre dos y con hijos.
