Reaccismo
Mientras escucho extasiado los grandes éxitos de los Chichos, ese grupo, ese espíritu, ese gusto, leo con cierto interés artículos y noticias sobre lo que acaece, como diría el Águila de la Facultad, en Alcorcón.
Puede sonar pretencioso y poco humilde, incluso que parezca poseedor de la verdad única, pero me da igual. Estamos asistiendo a la explosión de un hartazgo rumiado largo tiempo. Lo que en palabras de algunos teóricos de la vida se conoce como la Teoría del Termo. Los alcorconqueños han ido guardando muy en caliente todas las pequeñas cosas que no les iban gustando de sus vecinos latinoamericanos. En un momento, otra pequeña cosa, nimia quizás, incluso menos importante que otras anteriores ha hecho que el termo se abriese y saliesen, tal cual se guardaron, todos los calentones guardados en estos años.
Los listos de siempre, estos del movimiento contra la intolerancia, los del SOS racismo ya se han apresurado a decir que hay racismo en estas sencillas aperturas de termo populares, que no se citen nacionalidades para no estigmatizar y que los medios se refieran a estos preocupantes hechos como riñas (sic). Como siempre, los listos de siempre llegando tarde mal y nunca a decirnos que no seamos racistas.
Racismo. Me toca la moral esto del racismo. Como diría nuestro amigo Jesucristo a quien quisiera escucharle, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. No ser racista es muy difícil, otra cosa es ser mal educado. Lo que sucede en Alcorcón no es racismo, es “reaccismo” (de reacción y racismo). Hartazgo popular larvado largo tiempo; similar al caso de Villaconejos, donde los vecinos quemaron la casa de un conocido delincuente, un tal “El Calvo”. Como este alopécico no debía pertenecer a un grupo minoritario o con patente de corso social, nadie dijo que aquel brote fuese racista o xenófobo. Simplemente una rebelión popular con tintes a lo Lope.
Sin embargo, en Alcorcón, racismo.
Lo que ocurre, es que se ha dejado actuar a los listos de siempre. A los que aprovechan el yuyu que dan para campar a sus anchas e imponer su particular manera de entender la convivencia y la integración. Lo mismo pasaba y puede que siga pasando en Oviedo con los gitanos de determinada zona que se dedicaban a robos en pequeña escala (dar el palo) que no eran perseguidos por la Policía Local pese a ser advertidos. Consentir eso era darles impunidad de hecho. Que los jóvenes ovetenses no se organizasen para responder a estas actividades sólo la ausencia de redes sociales y puntos de encuentro comunes y el miedo lo explican.
Siempre me he preguntado porqué los listos de siempre no son capaces de detectar las actividades cargantes de los inmigrantes y no les han enviado informes, consejos, recomendaciones y demás para que supieran que la actitud de algunos de sus integrantes difería mucho de lo que podía esperarse de ellos y cualquier ciudadano. La respuesta me la reservo, pero se podría explicar con una pregunta que flota en ambientes llanos: Ah, tú, ¿los negros serán racistas como nosotros o están libres del pecado original?
Ahora, y para terminar, un párrafo de mi leído Antonio Casado. Busquen en él las razones que para él pueden estar detrás de estos brotes violentos.
“Lo de Alcorcón está aún por identificar: vandalismo, brotes de xenofobia, paro juvenil, delincuencia pura y dura, crisis de instituciones como la familia y la escuela, abandono de las barriadas por parte de los poderes públicos, falta de integración de los jóvenes en general y de los inmigrantes en particular, guardia baja en materia de vigilancia policial… Escojan ustedes. Habrá opiniones para todos los gustos, pero no duden de que ese inventario de males compatibles, debidamente amontonados, es de fácil combustión.”
Leído en El Confidencial
Como siempre y como todo listo que se precie la culpa es de los demás, de la sociedad, de ti que estás sentado en tu silla y que al parecer vives inmune a estas enfermedades sociales y no te da por reventar a patadas al puto sudaca o al alcorconqueño cabrón. Según los listos la culpa nunca es del que por propia voluntad coge un bate de béisbol para desjarretarlo en la cabeza de un similar. Si el chico coge el bate es culpa de la sociedad. Tócate los huevos.
