Desazón y hartazgo
Siento estar tan callado últimamente. Antaño hubiera reaccionado con energía ante la situación que atraviesa nuestro país; pero estoy desencantado. Curiosamente, muchos están crispados (les va el estómago caliente en ello); y eso que, supuestamente, Aznar era la causa de la crispación. Ya se ve que las culpas han de repartirse un poco más y entre todos.
Y estoy desencantado porque lo que antes era piña común e indivisible se ha tornado en atomización y enfrentamiento. No buscaré culpables porque cada uno tendrá los suyos. Yo tengo los míos y nunca discuto cuando sé que tengo razón.
Fue duro, y a los españoles se nos debería caer la cara de vergüenza, que tuviera que llegar el terrible asesinato de Miguel Ángel Blanco para que a todos se les desprendiese la venda y se unieran a los que desde un principio luchaban contra ETA con la palabra; tan abandonados por esos "algo haría", "era un militar", "mientras no vayan contra los civiles".
Oh, cómo recuerdo la imagen. ¡Cómo se marcó a fuego en mi retina! Un ertzaintza, aclamado por el pueblo, quitándose el pasamontañas que el terror de ETA había impuesto al pueblo vasco. Esa imagen, símbolo de libertad no se ha vuelto a repetir.
Estoy quemado por tanto político que se tilda de demócrata, sin respetar la democracia. Estoy harto de tanto salvador. Estoy harto de tanto leguleyo metido a jugador de strip-poker. Estoy harto de tanto periodista ciego vendido a un interés. Estoy harto de que la gente no sepa distinguir entre guerra, paz y terrorismo. Estoy harto de mentiras. Estoy harto de los que suplican PAZ por su egoísmo, incapaces de dar su vida por todos. Estoy harto de que España sólo sean seis letras.
