Historia de una Ilusión, 23: "La carta de Pasamontes"
Un relato de los Hnos. Martín Rodríguez-Barbero
A su regreso a Vista Alegre, Alfredo se sentía inmensamente feliz. Había cumplido su gran sueño y quería celebrarlo con sus amigos, en el mismo bar de siempre. Pasó y no había nadie, por lo que tocaba esperar. Miró unos segundos la televisión y allí estaban, eran los Reyes Magos. Pensó, aunque estaba un poco crecidito para ello, en escribir su propia carta a Sus Majestades…
Queridos Reyes Magos:
Sé que no está en sus manos, pero si pueden hacer algo me gustaría que:
- Se acabara la pena de muerte financiada por los estados. Iluminad, aunque sea por unos minutos, las mentes de los que juegan a ser Dios decidiendo cuando le llega a cada uno su momento.
- No murieran más mujeres en el infierno que tienen por hogar. De paso, inyecta coraje en los corazones de aquellos, que pudiendo hacer algo, miran a otro lado.
- La Iglesia se acuerde del mensaje de Jesús.
- No haya ni un discriminado más, ni un excluido, ni un explotado.
- Los medicamentos y la educación llegaran a todos los sitios.
- La razón ganara al fanatismo.
- Y la honradez a la trampa. Así seguiríamos teniendo campo, playas, aire, lugares a los que admirar y en los que disfrutar.
- Cada uno hiciera su camino sin ejemplos a imitar.
- No se asocie la cultura al sufrimiento de los animales.
- Ser malvado no salga tan barato.
En esas andaba Pasamontes, cuando sintió que le golpeaban la espalda a modo de saludo. Era su amigo Manu.
- ¿Qué haces?
- Estaba escribiendo una carta a los Reyes Magos.
- Tú y tus cosas.
- Déjame soñar, pensó Alfredo.
