Reflexiones sobre el golpe de estado en Fiyi
Recuerdo de mis clases de historia uno de los conceptos que más se nos repetía para explicarnos los sucesos revolucionarios de los últimos dos siglos y la aparición de sindicatos, partidos políticos y demás movimientos sociales.
Se nos decía, por ejemplo, que los burgueses franceses, hasta que no se dieron cuenta de su condición de clase, no repararon en su legitimidad, peso e importancia para ser escuchados y, por tanto, mandar si así fuera menester. Con los movimientos obreros de principios del siglo XX y los sociales de finales pasó igual.
Probablemente, esto de la condición de clase, sea un concepto marxista, rojo a tope y esas cosas, pero a mí me gusta por lo mucho que abarca y las pocas palabras que usa para describirlo. De todo el mundo se puede y debe aprender. Huyamos pues del sectarismo y la tribu.
Viene esta pequeña introducción a tenor del golpe de estado que se ha cometido en la isla oceánica de Fiyi. Allí, en el Pacífico, hay una porción de terreno (multidivisa) donde no viven más de 900.000 personas. Todas esa gente, un buen día, tomó conciencia de su condición y estableció un estado, con su constitución, su gobierno, sus fuerzas armadas y sus leyes emanadas de la voluntad del pueblo soberano. 900.000 personas, un buen día, se dijeron: somos estado.
Como todo buen estado, unos ciudadanos se dedican a las cosas del mandar y todos a las del ser gobernados. Como no siempre las cosas de la democracia van por buen camino, las fuerzas armadas toman el poder. Pero es que en Fiyi no dejan de ser 900.000 personas. ¿Tan difícil es que 900.000 personas convivan democráticamente?
Es difícil si esas 900.000 personas adquieren o toman conciencia de la clase a la que pertenecen. O lo que es lo mismo, si cada uno es consciente del papel que ocupa en su sociedad y estado.
En Madrid, ciudad que multiplica la población de Fiyi, los ciudadanos conforman junto con los habitantes de localidades vecinas, unidos por una misma historia, un mismo destino y un mismo deseo, una entidad superior llamada Estado, cuyo nombre oficial no es Estado Español, como muchos compatriotas se empeñan en usar; sino Reino de España. Así, si hay un golpe de estado lo será en España, no en Madrid.
La conciencia del ciudadano de una ciudad difiere mucho de la conciencia del ciudadano de estado. Por eso no nos debe extrañar que en países donde el estado está tan cerca del ciudadano, como es Fiyi, por ser tan pocos los componentes del mismo, se puedan dar estas situaciones, donde unos centenares de personas impongan su parecer a otros miles. Esto que ha ocurrido en Fiyi, es lo que puede ocurrir en cualquier país, como España o Francia, sólo cambia la escala. Una escala donde el único elemento mutable es el número de ciudadanos, pero no así el de los órganos de poder y control: gobierno, parlamentos, fuerzas armadas. En definitiva, estos sucesos no dependen del número de habitantes, sino del grado de conciencia de clase que estos últimos tengan.
Nota del autor: ¿Se entiende? Sé que es un poco rara esta reflexión, pero si alguien me ayuda a ampliar y clarificar estos conceptos se lo agradecería.
