Según un estudio... Madrileños al volante
Eroski ha sacado un estudio cuyas conclusiones son que en Madrid, Bilbao y Oviedo es donde más se respetan las normas de tráfico, tanto por peatones como por conductores.
Cuando yo leí la noticia que recogía los resultados de este estudio me rasqué la pequeña, pero incipiente calva que asoma por mi cholondrel.
Intentaba con ello adoptar lo leído a mis esquemas mentales. Ya es curioso, porque lo es, no porque yo a todo lo califique de curioso, el hecho de que las dos ciudades que más conozco: Oviedo y Madrid, sean las mejor situadas, teniendo en cuenta que en ambas conduzco y paseo yo. Para bien y para mal.
Y como no hay mejor conclusión que la de la experiencia, aquí mis comentarios sobre porqué Oviedo sí se merece el puesto y Madrid, no.
En Madrid, lo tengo comprobado en carne, cuando un semáforo se pone en ámbar, el madrileño medio lo entiende, como lo define un amigo mío, como rojo reciente. Es decir, acelera que llegas. Y como es sobradamente conocido, si está en ámbar puedes pasar, siempre y cuando no puedas detener el coche en condiciones de seguridad.
Hecha la ley, hecha la trampa. Y a esas condiciones de seguridad en la frenada se agarran todos los madrileños medios. Esto produce que cuando el semáforo se pone en rojo para los conductores, muchos aún están apurando el ámbar, de tal manera que pasan sobre el paso de peatones con éste ya puesto en verde.

La policía ya no sabe qué hacer para que el madrileño medio respete las normas. La agente Madonna (ojo al micro) ocurrente, les ha hecho un croquis explicativo, ¿será de esta? Ojalá.
Los peatones, cómo no, ya nos hemos acostumbrado a que siempre que se pone en verde pasen dos o tres coches. Esto es algo tan habitual en Madrid que sólo en los semáforos donde el muñequito verde sale segundos más tarde de haberse puesto el disco rojo no se cumple este axioma que acabo de narrar (pueden comprobar esta excepción en la Avda de la Ilustración, semáforo siguiente a la plaza de las Reales Academias).
Pero bueno, los peatones madrileños, eso es verdad, no son como los de Nueva York que asaltan la calzada con la mano extendida como si eso pudiera parar tonelada y media de acero a 50 km/h. El peatón madrileño es respetuoso con las normas, es sucio, porque Madrid es una ciudad bastante sucia, pero en cuanto al respeto a las normas. Las cumplen en su mayoría, y más les vale...
De todos es sabido que el coche y la conducción sacan lo peor de las personas. El peatón madrileño cuando pasa al estado conductor se olvida del respeto a las normas y también de que hay unas palanquitas a la izquierda del volante que sirven para poner los intermitentes. Para todos aquellos madrileños y españoles que no sepan lo que son los intermitentes son unas luces que funcionan, no funcionan, funcionan, no funcionan.
La misión de estas luces, además de proporcionar un toque naranja al vehículo, es indicar a los demás conductores las maniobras que el conductor se dispone a realizar. Así, si se cambia de carril, si uno se desvía, si uno se va a detener, si uno se va a incorporar, si uno sale de una glorieta, si uno va a adelantar... se indica con los intermitentes. Así que madrileños, por favor, pongan los intermitentes, no es suficiente con meter el morro... no valen los amagos... ni siquiera el desvío progresivo... Madrileño, pon el intermitente, carajo.
Otra cosa que hacen los madrileños, y yo también, lo siento. Es aparcar al toque. Dado el escaso espacio para acoger tanto coche, los madrileños nos hemos especializado en el aprovechamiento extremo de cualquier rendija donde el largo de nuestro vehículo quepa físicamente. Así, como hay que hacer muchas maniobras, es normal que en una de ellas, zas, golpe, leve, al de atrás o al de alante. En definitiva, lo que en la jerga de la calle se conoce como besos. Los madrileños somos besucones, tanto para aparcar como para salir.
Siguiendo con los incumplimientos, el madrileño medio aprovecha los arcenes para, en momentos de atasco, adelantar camino hasta el desvío. Esta situación de riesgo extremo genera, además, más atasco, porque por mucho que adelanten camino, al final, los "listos" tienen que incorporarse al carril ordinario, provocando con sus incorporaciones, más retención.
Y más... Mucho más. Así, los madrileños aparcan en doble fila, al igual que los ovetenses en la calle Muñoz de Graín, con los intermitentes puestos. Mira los madrileños qué listos, cómo sí conocen los intermitentes.
Como es sabido, Madrid es territorio de estacionamiento regulado, pero eso no evita que el listo de turno te aparque en doble fila y te impida salir de tu plaza pagada y bien pagada. El listo no paga y encima te jode. Muchos madrileños pregonan en foros varios que ante estas actuaciones de los listos se ha de romper el cristal de la ventanilla, quitar el freno de mano y dejar moverse el coche hasta despejar la salida. Tóquense los pinrreles. Y es que, algo de razón llevan, siempre que llamas a la policía, llegan tarde mal y nunca y si no les llamas y pitas hasta la extenuación, luego aparece el listo de turno diciendo que "Ya va, ya va, que sólo han sido unos minutos".
Querría pedir a los ovetenses que dejen despejada Muñoz de Graín, coño, que es una calle de circunvalación por donde pasa un montón de gente y siempre hay que andar con trescientos ojos para no pifiarla por culpa del listo de los intermitentes.
No sé cómo habrán hecho los de Eroski el estudio... pero estoy convencido de que los madrileños o les han mentido o los investigadores han confundido Madrid capital del Reino con Madrid de Almería, cuyo código postal es el 04810. Otra cosa no puede explicar que Madrid ocupe el primer puesto.
