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Sábado, 18 de noviembre de 2006

El lado oscuro del corazón 1 y 2

Free Image Hosting at www.ImageShack.usEn tus descansos
El lado oscuro del corazón es una película, digámoslo por adelantado, curiosa. Y aunque a mí la palabra "curioso" me sirve para definir cualquier situación o cosa que se sale de mis rengloncetes, esta película, realmente, es curiosa.

Le gustará a quien le guste la poesía, o sea un romantico o un idealista o un soñador o un tipo de estos que piensan que volar es maravilloso. NOTA: Siempre y cuando no sea en un avión o helicóptero u otro artefacto ideado por la mente humana. No le gustará a quien no esté dispuesto a ver algo que se sale, digámoslo de alguna manera, del canon habitual del cine.

La trama gira en torno a un personaje, sí, no llega a la categoría de persona o bien ya la ha excedido. Dicho personaje, de nombre Oliverio, es argentino. Y qué tendrán los argentinos que cuando hablan parece que susurran al corazón.

El personaje este tiene dedicaciones varias y plurales, desde pedir a vender poemas por algo de comida. Él vive, digámoslo, del aire. Y es en el aire donde quiere estar o llegar a estar. Persigue a la mujer que le haga volar. Para ello usa diversas técnicas que, como es una película, funcionan. Así se acuesta con ciento y la madre de mujeres, bueno, con alguna que otra, hasta que, por fin, no me digáis porqué, encuentra a la mujer que le hará volar.

Algunos me dirán, que jodío, ha desvelado la trama, incluso el final. Sí, es cierto, pero es que lo importante en esta película no es eso. Lo importante es lo que con las imágenes se transmite. Al margen de los buenos diálogos, las impresionantes metáforas visuales harán reflexionar a más de uno. Una madre vaca, una muerte seductora con la que jugar, las distintas personalidades del personaje encarnadas... Y la mejor, para mí, la mejor, sin duda: la cama.

Una cama que es una pista de aterrizaje y despegue. Allí es donde las mujeres han de demostrar con su amatoria disposición si pueden hacer volar al bueno de Oliverio, que no pide otra cosa en una mujer. Por esa cama, triste y yo diría que rara vez hecha o mudada, desfilan mujeres de toda condición y belleza. En esa cama se empieza y en ella se termina toda relación de Oliverio. Cómo se refleja en la película, con otra gran "escenificación", merece la pena verlo. Puedo desvelar finales, pero no detalles maestros.

Curiosamente, esta película tuvo segunda parte. Si en la primera Oliverio era un hombre, digamos, para entendernos entre nosotros, apuesto y de un gran atractivo físico (típico argentino de rasgos marcados, mirada penetrante y ese no sé qué que a las chicas les gusta y a los hombres de mirada alegre les chifla); en la segunda, pues bueno, es un tipo corriente, ha envejecido, es calvo, pero de estos calvos que no lo disimulan rapándose la cabeza, no, sino que luce una herradura bien visible. Ocultando su cartón, carne, despelado con una boina muy a lo francés intelectual de la década esa infame. En fin, que 10 años no pasan en balde para cualquiera y la segunda parte es eso: Oliverio, buscando a la mujer que le vuelva a hacer volar, pero con 10 años más, algo más de competencia, especialmente en lo laboral y el mismo verbo y gracia para ligar. Porque el tipo, joe, liga, y liga bien, oigan.

Image Hosted by ImageShack.usEn la segunda parte además de la muerte y las personalidades, aparece otra nueva representación visual: el tiempo. Encarnado en un oscuro y regordete motorista (¿por qué el tiempo es regordete? Eso lo sabrá entender quien esté en un alto nivel de captación visuocrítica neposómica). La trama de esta segunda parte, además de la ya conocida de la búsqueda de la mujer avión, transcurre en España y añade a la primera una segunda personalidad curiosa, la de la coprotagonista, encarnada por Ariadna Gil, la chica de fragilidad eterna, mirada difusa y un cuerpecillo endeble de peculiar atractivo y extraña capacidad interpretativa.

Como nota curiosa, decir que en la película también aparecen Manuel Bandera, uno de los malos en el gran culebrón hispano "El Super", y el tipo que hace de marido de la "Yerbas" en Aquí no hay quien viva. En fin, después de este repaso absurdo, a lo mío que es lo de ahora.

Como comprenderéis, la unión de dos personajes de psicología peculiar y mente retruécana, hace que la película chopee una buena dosis de rarezas. El Oliverio se queda prendado hasta las trancas de esta damisela, cuya profesión es ser equilibrista de alambre fijo, tenso y duro como una, en argentino, verga. Actriz circense, Alejandra, que así se llama la coprotagonista, tiene tendencias suicidas (ahora me mato, ahora no me mato) y vive, más o menos atormentada, por la trágica muerte de su madre, otra de estas con tendencias suicidas, pero de las de verdad.

Si Oliverio tiene a la muerte como interminable e infatigable compañera; así como una atractiva compañera de baile (tendencias suicidas, ya se sabe...) la chica esta tiene al muerte. El muerte es un gitanazo español elegante; algo así como un farruquito, pero con carnet de conducir y un pontiac cutre. Lo fascinante de la película es que el Oliverio puede ver al muerte, cuando, supuestamente, es una ensoñación de la de las tendencias suicidas.

En esta segunda parte el tiempo es a la vez amigo y enemigo. Oliverio no se enfrenta con el tiempo, pero sí que éste le acompañará siempre. Su obsesión por el deterioro le hará ver en el tiempo a un enemigo.
Como toda película con mensaje el final, que éste sí que no lo voy a desvelar, es una victoria, no sólo sobre el tiempo sino sobre la muerte, cómo consiguen superar sus temores los protagonistas y deshacerse de sus visiones de psiquiátrico, está en la película. Véanla, bájensela de Internet o pídansela a algún conocido que la tenga. Disfruten, no ya con su historia, sino con el cómo se cuenta. Mi parte preferida, sin duda, el primer gatillazo de Oliverio; para enmarcar, si fuera un cuadro.

PD: Probablemente yo haya llegado a un determinado punto de comprensión de la película, puede que todo sea una gran metáfora... Vayan a saber; quizás cuando la vean, sea otra distinta para cada uno, por eso recomiendo verla solo, sin nadie que te pregunte o te oriente. Si bien es cierto, que el grado de medio romanticismo que destila la película invita a verlo con la persona amada, quien la tenga. Indudablemente, no es una película para ver con amigos, salvo que éstos sean unos entendidos en poesía, Benedetti y todo el mundo cultural argentino. Lo que se dice, unos amigos "especiales", quien los tenga.

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