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Martes, 14 de noviembre de 2006

Tiempo al tiempo

Image Hosted by ImageShack.usAl parecer, un empresario inmobiliario conocido como "El pocero" está construyendo muchos, muchos pisos en una localidad toledana llamada Seseña. Según se puede leer en los medios no le han concedido unas licencias para seguir construyendo... Cáspitas.

Que en España se construye demasiado es una obviedad, porque las ciudades no crecen en habitantes tanto como en posibilidad de albergar ciudadanos a los que servir y de los que servirse. Hay muchas, pero muchas viviendas vacías, y si bien es cierto que el problema acuciante de la vivienda se da en las grandes urbes, donde la especulación y la sobrevaloración campan a sus anchas, no lo es menos que hay parajes de la geografía patria que se están viendo amenazados por el crecimiento desmesurado y antinatural del desarrollo humano.

Tal debe ser el caso de Seseña, que de ser un pueblo donde sólo había un hombre con un carro y un burro, hoy aspira a convertirse, por obra y gracia del constructor "El pocero" en un lugar donde alojar a las familias que quepan en más de 13.000 viviendas.

Pero no sólo es Seseña, este no deja de ser el caso popular y zafio de esta España ansiosa de atacar y saciar su hambre con la sangre de algún turco. Porque lo queramos o no, el Pocero es un empresario que empezó trabajando a los 12 años llevando agua y bocatas a los obreros. Y eso, amiguinos, querámoslo o no, tiene mérito.

Dicen que los precios de las viviendas se ralentizan, es decir, que siguen subiendo, pero menos. Es lógico, ¿no? Hay tantas casas que la oferta está sobredimensionada y la demanda se ha quedado pequeña, pese al afán ladrillesco de nosotros los españoles.

Hoy día, según se puede leer por ahí, en España se construye el 40% de las viviendas de toda la UE, pero sin embargo, no pasamos de los 39 millones naturales y los 45 millones agregados de habitantes. Y los niños siguen sin nacer, el matrimonio entra y sigue en franco retroceso, pese al impulso homosexual y las juventudes patrias, en determinadas ciudades, deciden que eso de vivir en comunidad estudiantil se puede alargar hasta la edad del primer achaque. Carpe Diem.

Este maravilloso país que es España, el único donde la libertad existe, tanto para lo bueno como para lo malo, tiene en la construcción un pilar económico, no sé si básico pero de una relevancia a considerar. Y es que al margen de que los empresarios constructores se forran, los ayuntamientos llenan sus arcas, y los especuladores compran y venden propiedades que aún no han sido holladas por un fogaz y apuesto matrimonio, existen personitas llamadas obreros, capataces, peones de primera y de segunda, aparejadores, técnicos, encargaos, peritos e idiosincracias varias que comen de lo que unos llaman especulación, otros, oportunidad y otros más desafortunadas: soluciones habitacionales. Y claro... El pan es el pan, y sin trabajo no hay pan.

Y es que volviendo al pocero, éste nos ha desvelado lo que será una cosa habitual en el futuro: protestas de obreros pidiendo obras en las que construir. Y es que este país ha acostumbrado mal a las gentes de bien. Los mineros, los astilleros, los de aquí y los de allá, se echaron a la calle para seguir sacando un carbón de donde ya no hay más que aire, y dificultades insoportables para compensarlo con el precio de venta del mineral. Y de los barcos, ay, los barcos. Nuestro presidente, dijo que solucionaría el problema y tal parece que no, porque en los astilleros, como en la minería y ahora en la construcción se piensan que el trabajo es sólo trabajar, pero no, también producir cosas que la sociedad demande y ésta pueda adquirir.

Las manifestaciones obreras antes se hacían en búsqueda de derechos básicos laborales, ahora comienzan los obreros de la construcción exigiendo licencias para seguir construyendo. No importa si luego alguien va a ir a esos pisos, da igual, ese no es su problema. Una masa obrera abominante, inmensa, enriquecida y acostumbrada a trabajar duro no renunciará al pan que les da de comer a ellos y a sus familias. Vienen malos tiempos para la lírica, porque si bien la especulación inmobiliaria puede seguir manteniéndose cierto tiempo, la construcción de viviendas sin lógica ni sentido... puede que tenga los días contados. Preparémonos pues para grandes manifestaciones obreras, marchas a Madrid, guerrillas urbanas y demás métodos de presión para seguir manteniendo un sector muerto, como lo son la minería y la construcción naval (si bien, al menos, la segunda no depende de la naturaleza).

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