¿Se estropeará esta vez?
Firma Invitada - Natalia Ceballos Gómez
En estas últimas semanas estoy siendo abrumada por una sensación de intranquilidad acompañada de gran incertidumbre que se produce en momentos muy concretos de mi vida diaria.
Para exponer mi caso diré que estoy segura de que es algo que ocurre a cientos y cientos de madrileños que utilizan de forma rutinaria el transporte público en los formatos de metro y tren de cercanías.
A saber: debido a la actividad cotidiana que realizo a gran distancia de mi casa me he visto en la necesidad de comprar un abono transporte de zona B1 (lo cual conlleva ya un precio un tanto desmedido). La consecuencia directa de ello es que tras buscar el camino más "rápido" (no menos de 1 hora), me encuentro con que tengo que picar mi billete del orden de 9 veces diarias. Yo conmigo misma y en mi propia persona, de toda mi vida de Dios, tengo la sana costumbre de ir a todas partes a paso ligero puesto que mi reloj se empeña en avanzar a una velocidad vertiginosa que hace que siempre me falte tiempo.
Haré un croquis situacional para que el lector se integre en mi circunstancia y encuentre justificado mi problema:
A la ida:
Me introduzco en el metro de Sainz de Baranda (pico por 1ª vez)
Salgo del metro en Méndez Álvaro (no pico)
Entro en la RENFE de Méndez Álvaro directamente proyectada desde la salida del metro (pico por 2ª vez)
Salgo de la RENFE en Cuatro Vientos (pico por 3ª vez)
Entro en el metro en Cuatro Vientos (pico por 4ª vez)
Salgo del metro en Puerta del Sur (pico por 5ª vez)
A la vuelta es lo mismo pero al revés (6,5,4,3,2,1), con la diferencia de que en el paso 5 no pico, por lo que son 9 veces las que lo hago al día.
A finales del mes de septiembre, un día, se me estropeó el billete en el paso 4 de la ida. Tuve que llamar por el interfono. El de la taquilla me preguntó, yo le contesté y me abrió. Suponiendo que ese ticket había llegado al fin de su funcionamiento le pedí a ese mismo individuo que si por favor me lo podía cambiar, a lo cual me respondió que no, con una especie de expresión entre aletargada y pasiva: "no tengo billetes".
Continué mi camino por el pasillo y al llegar a la máquina del metro comprobé que efectivamente el billete se había estropeado. Un individuo empleado del metro que andaba por allí me dejó pasar. Al llegar al mi destino, Puerta del Sur, donde hay que picar para salir, evidentemente no pude hacerlo. Por suerte había por allí otro trabajador que me abrió y me cambió el billete con cara de pocos amigos.
Al día siguiente, cuál no sería mi sorpresa cuando me sucedió lo mismo en el mismo lugar. Se me estropeó el ticket en la salida de la RENFE de Cuatro Vientos, a la ida. De nuevo fui al interfono, el mismo individuo del día anterior me abrió, y con una cara que denotaba la misma gran pasión y devoción por su trabajo me volvió a decir "no tengo billetes".
Pero aún lo peor no había pasado. Al llegar a la zona del metro, le dije a un encargado que andaba por allí que si por favor me cambiaba el billete. Él me preguntó que si se me había estropeado en la RENFE y le dije que sí. Entonces exaltado comenzó a elevar el tono de voz y a regañarme como si yo tuviera la culpa advirtiéndome de que los empleados de Cercanías tienen la obligación de cambiar los billetes a los viajeros si se les estropean, y que si yo ahora quería poner una reclamación lo que tenía que hacer era ir allí y pedir el libro. ¡Yo sólo quería que me cambiara el billete!. El hombre lo hizo todo enfurruñado.
Desde entonces, que se estropee el billete ha pasado a ser un acto más o menos rutinario que sucede todas las semanas un par de veces, con el agravante de que aunque no todos los días ocurre, está la incertidumbre de que nunca sabes cuándo va a pasar, dónde ni por qué. Puesto que ya me ha ocurrido también dos veces en el paso 1, los tornos de Sainz de Baranda. Por eso siempre que se acerca el momento de picar me hago la misma pregunta ¿¿Se estropeará esta vez??.
En una ocasión, la señorita de la taquilla de Cercanías de Méndez Álvaro me dijo "no tengo billetes. Nos dan un número limitado y este mes ya los hemos cambiado todos porque se han estropeado muchos. Si quieres te puedo dejar pasar". Le dije yo: "¿de qué me sirve que usted me deje pasar aquí si para acceder al resto de sitios necesito picar?".
La reflexión que yo hago en primera instancia es la siguiente: ¿Qué narices es lo que hace que el abono transporte quede inutilizado y haya que estarlo cambiando cada dos por tres?; He oído que es por ponerlo cerca de los teléfonos móviles, o cerca de los imanes. ¿Son leyendas urbanas? O ¿son certezas mundanas?. Y en segunda instancia, ¿de qué me sirve que usted me deje pasar aquí si para acceder al resto de sitios necesito picar?, ¿o es que acaso tengo que ir pidiendo permiso a todos los empleados del metro y cercanías con los que me cruzo (con la pérdida de tiempo que eso conlleva) para que me dejen pasar todos los días, por todos los tornos, y por algo que ya de antemano he pagado?. Si por ley, por norma, por convenio o porque su madre lo quiere, los empleados de Cercanías tienen la obligación de cambiar los billetes que se estropean, yo me pregunto angustiada ¿por qué coj_ _ _ _ no tienen en su puesto de trabajo una maquinita que los fabriqué? o ¿por qué puñetas no les dan la capacidad de conseguir un número ilimitado de billetes correspondientes al mes hábil?. HE DICHO.
Por eso yo quiero dedicaros una oración en forma de plegaria que recitaré todas las noches antes de irme a la cama con la firme creencia y fe de que vosotros, al igual que yo, aventaréis vuestras quejas y os rebelaréis contra esta injusticia a la que nos tienen sometidos.
Lector de mi artículo,
que estás en tu casa,
concienciada sea tu mente,
hágase nuestra voluntad,
y no la de la RENFE,
rebélate contra esta maldad,
y que funcionen siempre nuestros billetes.
Que tengamos nuestros viajes de cada día
y lleguemos a tiempo a nuestro destino,
sin que estos desvergonzados
se crucen en nuestro camino.
Librémonos del cambio de billete permanente,
y que podamos circular libremente.
Amén.
