Relatos de un aspirante a Gentleman, "el café"
El joven Deméter dormía, o por lo menos, tal parecía. Probablemente estuviera soñando que volaba. Ese era su sueño preferido, sentirse ligero, libre de toda carga. Despegarse del suelo y ver el mundo de otra forma, distinto.
Eran las 4 de la mañana, mientras él dormía, el mundo seguía girando. Muchas otras personas esperaban con los ojos cerrados a que las 06:45, las 07:15 o las 12:35 llegasen a su reloj despertador o móvil, que con esto de la tecnología todo empieza a estar en el mismo sitio.
Deméter, mientras tanto, seguía con sus sueños. Ahora estaba resolviendo un problema de espacio en un maletero. Ponía y quitaba maletas y por más combinaciones que hiciera siempre se quedaba fuera el sombrerero. Lo que contrariaba a Deméter en su fantasía era que él no usaba tal maleta, pero se sentía en la obligación de que también ésta estuviera dentro. Así que sesudamente volvía a deshacer lo hecho y a probar otra distribución.
Pero dejémosle. Vamos a otra habitación, en otro edificio de otra calle.
Ahí está. La luz del flexo encendida. Un boli nervioso en la mano derecha y la izquierda sobre unos papeles, apuntes. Hacía frío y llevaba puesta la chaquetilla vieja de andar por casa. Tenía el pelo algo alborotado, como si hubiera estado jugueteando con él mientras buscaba la concentración debida para dedicarse a esos números endemoniados.
Una taza de café era su única compañía. Una cara sonriente la miraba. Siempre le gustaron las tazas con dibujitos y mensaje. Ésta era eso, una cara sonriente. Sin más, bueno sí, con café con leche templado, en su punto. Lo justo para ir tomándolo a sorbos durante la noche de trabajo y estudio. No es que el café le sirviera para mantener una excesiva concentración o le desvelase el sueño, pero el calor del mismo le transmitía serenidad. Su sabor le recordaba a su infancia y las tazas le hacían imaginarse pequeñas historietas con las que rebajar un poco la tensión del estudio.
Dejó caer el boli sobre el papel y con un, "bueno, esto ya está" se levantó y se fue para la cama. Eran más de las cuatro de la mañana, casi las cinco. Pronto tendría que levantarse para ir a la cafetería donde trabajaba. Y en ella le conoció.
