La dignidad no es una mercancía
Curiosa noticia, que no por lógica, deja de ser curiosa. Hace unos días, una pareja de hombres querían contratar los servicios de un local para celebrar en él su matrimonio. Para su tristeza, no sólo les negaron tal posibilidad, sino que el motivo que se les expuso residió en la condición homosexual de los contrayentes para negarles los servicios que en su empresa se ofertan.
Cuando leí esta noticia, inmediatamente recordé una escena de "Gigante" y otra de "Leyendas de Pasión". Es curioso, a veces, sin necesidad de leer se aprenden grandes cosas. Así, en la primera película, entran los protagonistas en un bar donde un cartel informa de que en ese bar no se sirve a clientes negros. Rock Hudson, ni corto ni perezoso, al ver que no se atiende a su acompañante negro le parte la cara al camarero. En la segunda, sin cartel por medio, un camarero rudo y bravucón le niega la cerveza al amigo indio de Brad Pitt, éste, ofendido, la pide por las buenas y, pese a las advertencias de su padre, termina liándose a hostias con el camarero.
Resultado: la violencia, muchas veces, es necesaria para hacer prevalecer la dignidad y los derechos que a cada persona les son propios.
En España, país mucho más civilizado y avanzado que el autoproclamado país de las libertades, tenemos nuestra constitución y nuestras leyes para evitar cansarnos partiendo caras cuando se ofende a la patria o a la justicia y nos topamos con camareros racistas, gilipollas y homófobos, entre otras estúpidas manías que tienen algunos dueños de los locales.
La Constitución, además del artículo 2, tiene otros que también hay que defender con ahínco patrio. Por ejemplo, el 14. Y es este artículo el que los dueños del establecimiento se han pasado por el arco del triunfo al negarles el servicio a este futuro matrimonio.
Nunca jamás una política de empresa podrá estar por encima de nuestra constitución. JAMÁS. No hay libertad de mercado ni leches que ampare este despropósito. Los regentes de establecimientos para bodas, bautizos y comuniones han de ser conscientes que desde que en este país se ha regulado el matrimonio homosexual, muchos de sus clientes pueden ser de este tipo.
Si por algún extraño embrujo alguno de nosotros entendiese, comprendiese o aceptase esta discriminación, estaría al mismo nivel de quien, en su momento, negaron la entrada, el servicio a los negros. O aún hoy, mantienen en los actos religiosos o la educación la separación por sexos. O aquellos que poseen escalera y puerta para el servicio.
Y para que quede bien claro porqué artículo constitucional merece la pena partirse la cara con un imbécil, aquí lo reproduzco:
"Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social."
¿Ha quedado claro, no?
Saludos patrios
Otros textos patrios sobre esta temática:
La Iglesia se equivoca, a veces 30/04/2005
El apartheid irisado 06/04/2005
