Así nació el "Cara al Sol"
Leyendo la novela, "Madrid, de corte a Checa", de Agustín de Foxá topé con una parte donde el autor narra cómo nació el "Cara al Sol", himno de la falange, movimiento político genuinamente español creado y liderado por José Antonio Primo de Rivera.
Allí estaba el Marqués de Bolarque, don Pedro, Rafael Sánches Mazas, Agustín de Foxá, José María de Haro y Dionisio Ridruejo.
Hablaban del "joven piloto", una zarzuela de Luis Bolarque y Jacinto Miquelarena.
Jaleo de vasos.
Trajeron chacolí, sidra y bacalao.
- Vamos a hacer una sangría.
Después de la cena, el maestro se puso al piano. Tocaba pasodobles y tangos.
- Oye, toca ese que hiciste el otro día.
Sonó una música enérgica, alegre y guerrera.
- ¿Te gusta, José Antonio?
- No está mal. A ver, ¿cuántos poetas hay aquí?; podríamos hacer un himno para que lo cantaran los chicos.
Bajó el mozo las cuartillas y los poetas se desperdigaron por las mesas.
- Tú José Felix, dame un lápiz.
Bolarque, entre la música, hacía los "monstruos".
José Antonio trazó el plan.
- Tiene que ser un himno sencillo. En la primera parte debe hablarse de la novia, después decir que no importa la muerte, haciendo una alusión a la guardia eterna de las estrellas, y luego algo sobre la victoria y sobre la paz.
Él traía ya media estrofa pensada porque en casa de Bolarque, con Jacinto Miquelarena y Haro ya habían hecho una parte. La dijo:
las cinco flechas de mi haz
El músico, despeinado, golpeaba sus teclas. Disperso, arrebatado, Foxá escribía en una mesa entre las migas de pan y el olor reciente de la fruta. Quiso poner un arranque brioso:
que tú me bordaste ayer.
José Antonio y Rafael amputaban sílabas y preposiciones. Y se acercó Dionisio Ridruejo con un papel arrugado; leyó:
al paso...
Llenó la palabra que le faltaba con el la la inarticulado de las canciones que no se recuerdan; añadió:
Todos se abstrajeron en la caza del adjetivo:
- El paso fuerte.
- Recio.
- Alegre.
Hizo José Antonio el ademán de coger en el aire aquella palabra.
- Eso, eso; alegre.
Ridruejo apuntó: "Al paso alegre de la paz".
- ¡Magnífico!
- ¿Dónde está José María?
- Arriba, en la barra. Voy a buscarle.
No salía la segunda estrofa. Resultaban barrocos todos los intentos a base de ejércitos sobre las nubes y pálidas centurias de muertos.
José María bajaba y recitaba la estrofa de la sonrisa de la primavera y aquella tan hermosa cuyo último verso era:
Eran las dos y media de la madrugada. José Félix encendía su último pitillo. Algunos se querían marchar. Pero Agustín Aznar vigilaba la puerta.
- De aquí no sale nadie.
Campanudo y taciturno, don Pedro, el canciller, como le llamaba José Antonio, tachaba con una línea de lápiz el segundo verso de la última estrofa, aquel que ya nadie iba a conocer: "y será la vida, vida nueva". Escribió con letra menuda encima unas palabras.
- ¿No os gusta más esto?:
Aprobaron unánimes.
- Desde luego, mejor.
- Gana mucho.
Propuso Bolarque impaciente:
- Aunque esté incompleto el himno, vamos a cantarlo.
José Antonio se frotaba infantilmente las manos; agrupáronse alrededor del piano.
- Atención.
Sonaron los primeros compases. Comenzaron a cantar. La música se hacía densa; eran voces juveniles que invocaban a la muerte y a la victoria. Se ponían firmes inconscientemente, levantaban el brazo. Y era que estaba allí el himno, arrebatándoles, sorprendiéndoles a ellos mismos, vivo ya, independiente, desgajado de sus autores.
En los ojos de José Antonio brillaba una luz de entusiasmo velada por una ligera tristeza. Le parecía escuchar en la cercana caleja las pisadas rítmicas de sus camaradas que marchaban hacia un frente desconocido, y que penetraba por la ventana el aire frío de las batallas y de las banderas. Y se imaginó a sus mejores pronunciando, moribundos en la tierra, en el mar y en el aire, aquellas palabras que hacía unos minutos, sobre el papel, no eran nada y que ya no pertenecían a los poetas.
Exaltábase Rafael releyendo la primera estrofa:
- Tiene "cosa" popular. Esto es lo bueno. Las rimas fáciles, "nueva" con "lleva".
Comentaba José Antonio todavía enardecido:
- Ha quedado estupendo; lo haremos cantar en la calle de Alcalá con acompañamiento de pistolas.
Flotaba sobre las mesas el humo denso de los pitillos. Salieron. Hacía frío. Subieron por Alcalá, entre faroles, levantándose los cuellos de los abrigos.
Al día siguiente, Agustín Foxá encontró la estrofa de los caídos. Se la llevó al anochecer a José Antonio.
Si caigo aquí tengo otros compañeros
que montan ya la guardia en los luceros,
impasible el ademán
José Antonio añadió tres versos para enlazar con la tercera estrofa.
Si te dicen que caí
me fui
al puesto que tengo allí.
Reparó Agustín:
- Dos veces "caí" no me gusta.
- Pon en su lugar "formaré" y acompáñame a Recoletos.
Y así, según las palabras de Agustín de Foxá, uno de los coautores del "Cara al sol", nació el himno de la legendaria falange. Un movimiento genuinamente español. Una actitud vital. Una manera diferente de entender el mundo y de afrontar los retos de la vida. Falange, un ideal y un destino.
