Somos un tercio español
He estado esperando con ganas el momento de ver la película "Alatriste". Por fin fui a verla y, si he de ser sincero, no se la recomiendo a quien no haya leído el libro. La sencilla razón: la película carece de trama. No hay una historia. Son sólo secuencias. Fotografías de época muy bien sacadas. Imposible de seguir para quien no conozca los libros y de poco atractivo para quien como yo disfrutó su lectura.
No entraré en lo que me esperaba, porque eso es algo tan subjetivo como el espíritu que impulsó al guionista de la película. Sí entraré, sin embargo, en algo que me gustaría dejar muy claro. La última parte, la batalla de Rocroi, es dura, muy dura. Para aquellos que no lo sepan, esa batalla supuso el final de los tercios, o eso al menos dicen los historiadores.
Las tropas francesas derrotaron a las españolas, tras haberles hecho nosotros la puñeta durante muchos, muchos, años. Quedó Rocroi, murió el tercio.
Sin embargo, hay personas que consideran la parte final como patética.
La batalla de Rocroi, según la película, tiene dos partes. Una primera en la que los franceses machacan a los españoles. Destacable la escena de picas en "a ver quién la tiene más larga". La segunda en la que tras el primer embite, los franceses "reconocen" la gran lucha de los españoles y demás palabras bonitas ofreciéndoles marchar con sus pendones del campo de batalla.
La respuesta que da Alatriste es la que cualquier español con dos dedos de dignidad y conocimiento de su historia, daría: "gracias, pero somos un tercio español". Si nos quieren vencidos tendrán que acabar con todos nosotros, pues no renunciaremos a nuestra esencia, mientras nos quede aire en los pulmones y sangre en las venas.
Algunos están demasiado apegados a la vida para no apreciar el trasfondo de esta expresión y sentir.
En definitiva, "Alatriste" no es, ni de lejos, la película que me esperaba. Por no gustar, no me gustó ni la música. Eso sí, vayan a verla, y decidan si se quedarían en el tercio junto con el capitán Alatriste o recogerían sus bártulos como ofreció el francés.
