Historia de una Ilusión, 19: "Patapum parriba"
Un relato de los Hnos. Martín Rodríguez-Barbero
Alfredo salió del bar con su gran sueño más cerca de verse cumplido. Un golpe de suerte, de buena claro, había propiciado que Pasamontes estuviera en el momento preciso a la hora adecuada. Conocer que el Cartagena andaba buscando un jugador menor de veintitrés años para completar la plantilla, hizo que Alfredo pusiera en marcha su ingenio para ser el elegido.
Camino de casa, Pasamontes se topó, literalmente, ya que solía andar mirando el suelo, con David, “El Búfalo”, como le decían en el pueblo. Su apodo se debía a que, según cuentan, en sus tiempos mozos era un portento físico. David había trabajado, como casi todos los jóvenes del pueblo, en la fábrica del pueblo, La Herradura del Sur.
La empresa había sido el motor económico años atrás del lugar. Llegó a tener una plantilla de cerca de doscientos empleados, llena de muchachos que empezaron a trabajar con catorce años y terminaron por jubilarse en el mismo sitio en el que habían empezado. La fábrica fue la tabla de salvación para muchas familias aunque no contaba con muy buena fama ni en el pueblo ni en los alrededores. Famosa era la frase, “quien vale, vale, y quien no, a La Herradura”. Cuando llegó su quiebra dejó en el pueblo un rosario de desempleados, carnes de tertulias en las plazas y chupitos en los bares.
El padre de Alfredo había empezado a trabajar ahí. Jamás se le olvidará a Pasamontes el día en que los pocos trabajadores que aún continuaban en sus puestos salieron en manifestación por el pueblo reclamando ayuda a quien quisiera escucharles. Al final de la manifestación, Alfredo, un niño por entonces, le dijo a su padre que estaba cansado, a lo que un compañero de su padre, le respondió con toda crudeza: “¿Quieres comer? Pues anda y cállate”. Tampoco podrá echar de su mente, como el alcalde de aquellos años alardeó en la radio de ayudar a los obreros con una generosa ayuda, según sus palabras, una miserable limosna, según el padre de Pasamontes. Eso sí, debieron devolverla al cobrar el primer mes de paro. Eso no lo dijo en la radio…
Pasamontes estuvo un buen rato hablando con Búfalo. Tuvo que aguantarle unas cuantas historias que había escuchado varias veces anteriormente sobre La Herradura, para, al final, escuchar la curiosa peripecia que vivió David. Hace muchos años, el muchacho era la gran promesa futbolística del pueblo. Estaba a punto de dejar la fábrica y convertirse en futbolista profesional, ya que al día siguiente iba a comenzar una prueba con el Elche. Fue a despedirse de sus compañeros cuando su primo agarró una bola de plomo que andaba por ahí al tiempo que se la lanzaba a David, gritándole “Búfalo, empalma”. Sólo él sabe que se le pasó por la cabeza, pero el caso es que intentó empalmar. El pie quedó debajo de la bola, destrozado, igual que su sueño de ser futbolista profesional.
A la mañana siguiente, Alfredo se levantó ilusionado. Estaba convencido de que ese sería el día más importante de su vida. Se dirigió a las oficinas del Cartagena para hablar con el directivo que estaba buscando el sexto sub23 para completar el equipo. Pasamontes llamó a la puerta y…
