Historia de una Ilusión, 15, "Superando el dolor"
Un relato de los Hnos. Martín Rodríguez-Barbero
Igual que los domingos traen lunes y las fiestas resacas, el silencio trae consigo la reflexión. Al salir del estadio, el silencio era tal que se podía escuchar el paso de las hormigas. Alfredo trató, en vano, de buscar consuelo para tanto dolor. Tras andar unos minutos dirección al autobús que le llevaría a su casa, Pasamontes puso en marcha lo que había bautizado como mecanismo de autodefensa para situaciones de crisis.
Alfredo había creado hacía unos años el perfecto manual del buen aficionado del equipo sufridor. Se trataba, básicamente, de sufrir lo menos posible. Los primeros momentos estaban presididos por un dolor intenso. Después el dolor deja paso a un sentimiento de desilusión y vacío. Para pasar el menor tiempo posible en este estado, Pasamontes recordó la receta aliviadora que había diseñado: el mecanismo de autodefensa. Consistía en un ejercicio de optimismo.
Pasamontes pensó en la idea principal de su manual: el tiempo todo lo cura. Tras el partido, tu cuerpo se disocia de tu mente. Tú no eres el que anda, tú te has quedado en tu asiento, sólo esperas que alguien te toque el hombro y te despierte de la pesadilla. Pero aunque eso no ocurre, el tiempo hace su efecto, y con el paso de los días vuelves a pensar que el próximo año será, que tenemos que volver a ser los primeros, porque somos el Efesé, ni más, ni menos.
Es tan grande e incondicional el amor que sientes por tu equipo que estás deseando que abran la campaña de abonos para ser el primero, conocer el primer fichaje, cantar el primer gol, en definitiva, disfrutar de tu gran ilusión.
Durante esos días, Pasamontes tuvo una discusión con una profesora de su instituto, que al ver a Alfredo ausente y distraído durante las clases, le recriminó, conocedora de su afición por el Cartagena, su actitud: “pues anda, ¡cómo estás por un equipo de Segunda B!” Alfredo se sintió ofendido al ver como la maestra minimizaba la importancia de su dolor. No se pudo contener y le respondió: “¿qué pasa, usted quiere a sus hijos en función de sus sobresalientes?, ¡qué sabrá usted!”
Si hay algo claro en esta vida es que siempre amanece. Lo mejor, para Pasamontes, es que amaneceres nuevos traerían más partidos del Cartagena, de su querido Efesé.
